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Una educación gestáltica y humanista

21/11/2016 FCN Psicología 0 comentarios

“Una sociedad y una escuela que busca éxitos y resultados pasa por encima de las personas”

“Una sociedad y una escuela que busca éxitos y resultados pasa por encima de las personas”, manifestó Paco Peñarrubia en la conferencia que pronunció en el Centro de Innovación Social La Noria, de Málaga, el pasado viernes 18 de noviembre. La disertación llevaba por título Una Educación gestáltica y humanista y se impartió en el ámbito de las Meriendas Educativas, organizadas por el Comité de Educación de Málaga.

Paco Peñarrubia dio un paso más allá de la visión acostumbrada que considera el humanismo como el retorno a los clásicos y que pone al hombre en el centro del universo. Para él el humanismo tiene más que ver con un desarrollo profundo de la persona y considera la Gestalt como el espacio privilegiado en el cual se puede dar este desarrollo. Y más que un espacio privilegiado para tal desarrollo, pareció que el ponente consideraba que en realidad la Gestalt es el auténtico humanismo hoy día.

Para exponer hasta qué punto es difícil encontrar en la sociedad actual unas condiciones favorecedoras del humanismo, habló del concepto romano de ocio y negocio. Para los romanos el negocio se definía por la ausencia de ocio. Para nosotros es al revés, el ocio se define por la ausencia de negocio. Etimológicamente, el negocio es el no ocio. El ocio era entonces la aspiración prestigiosa a la que se podía retirar la gente que tenía la vida resuelta. Ahora es justo lo contrario. Ahora el prestigio y hasta la obligación es saturar la vida de negocio.

Si el tiempo y el silencio son imprescindibles para crear ese espacio meditativo donde cabe preguntarse por el ser y donde cabe la indagación sobre sí mismo, la tecnología y la hiperestimulación son factores que impiden el florecimiento de ese espacio. El ponente dijo que nos venden la tecnología como algo que nos ahorra tiempo, pero que en realidad te entretiene para trabajar todo el tiempo. Añadió que vivimos en una sociedad con mucho contacto tecnológico, pero donde no hay encuentro.

Llamó la atención el maestro Peñarrubia sobre lo frecuentemente que los terapeutas reciben las reacciones extrañadas de sus pacientes cuando les dirigen la pregunta ¿qué sientes? Y es que parece que no nos tomamos el tiempo ni entramos en los silencios necesarios para entendernos a nosotros mismos. Y también nos resulta difícil encontrar vocabulario y estructuras verbales para exponer estados internos.

Bien, pues tenemos que el ocio, la escucha de la música (por ejemplo y más allá de la pura estimulación rítmica o melódica), crean espacio y tiempo para hacerse preguntas. ¡Pero prima ante todo el pensamiento científico para validarlo todo! ¿Cómo se puede demostrar científicamente que ser un buen padre, una buena esposa, un buen hijo es un buen negocio?

Según Paco Peñarrubia, la formación en Gestalt recupera esa mirada al hombre y a su interior, que se sitúa en un plano muy distinto al del rendimiento científicamente demostrable. Ve una tendencia en el actual alumnado de este tipo de formación a creerse un mero consumidor con derecho a obtener los beneficios de ella como consecuencia forzosa de haber pagado. Me recordó esto a las palabras que le he leído o escuchado a Pedro de Casso varias veces refiriéndose al peligro que supone para la Gestalt su propio éxito. Y, para ir más lejos y a riesgo de ser en exceso derivativo, me recordó también a Felipe González, cuando, hace muchos, muchos años, advertía a sus compañeros del riesgo a morir de éxito.

¿Y de qué tiene miedo la sociedad actual y de qué tenemos miedo los que cursamos la formación en Gestalt? ¡Tenemos miedo a equivocarnos! ¡Tenemos auténtico terror al error! Subjetiva y elocuentemente este es el título que yo le pondría a la conferencia de Paco: ¡TERROR AL ERROR! Distingue el director de la EMTG entre consumidor y aprendiz. Ser aprendiz es difícil y supone tener respeto por la tarea. Ser consumidor es algo más relajado o inercial y no conlleva este respeto. Si comenzó hablando de los romanos, luego tomó de la Edad Media la figura del maestro y del aprendiz. Ya digo que insistió en el tomarse tiempo para asomarse a uno mismo. Y él tomó ejemplos del tiempo histórico para arrojar un poquito de luz sobre el presente. El aprendiz tomaba del maestro la actitud, los datos, los instrumentos… por contagio. Así, la formación en Gestalt pule en la forma en que se pulen y forman los guijarros, por fricción. Por cierto, con la mención de los guijarros Peñarrubia introduce de lejos el tema de Bob Dylan, uno de sus poetas favoritos del siglo XX y autor de Like a Rolling stone, como bien sabe el prudente lector.

El maestro es el que tiene la experiencia vital. Tiene un perfil de madurez, de experiencia personal. Como los chamanes, se ha convertido en experto de sí y de su enfermedad. Y se ha curado a sí mismo. En la experiencia vital del maestro, el error forma parte del camino lo mismo que el acierto. Lo mismo que en la improvisación musical y en el teatro, el maestro aprende a usar el error después de haber cometido tantos y haberse familiarizado con él. Alude Paco a una conocida cita de Beckett. No la pudimos disfrutar completa los que acudimos a la sala Emprendedores, (al parecer, una antigua capilla remozada). La retomo ahora de internet: Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better (Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Inténtalo de nuevo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor).

Parece entonces que el maestro es el que se ha permitido también ir más lejos con el error también como equipaje, el que se ha dado la paciencia. Encuentro otra cita que también puede ilustrar esto, en esta ocasión es de Louis L´Amour: Llegará un momento en que creerás que todo ha terminado. Ese será el comienzo. ¿No es la vida, toda ella, un gran error? Por lo menos, un error por asumir.

También paladeamos los quizá poco más de sesenta reunidos para escuchar a Paco una metáfora de resonancia vacuna: Aprender es una masticación lenta. Pero en la sociedad de ahora la capacidad de equivocarse ya no se considera. Es muy fuerte la exigencia de éxito. No hay tolerancia al error, al tanteo, al ensayo. Si se hace algo mal, es que no está bien. Él éxito es lo único que se contabiliza. Parece que los alumnos de Gestalt vienen cargados con una mochila de conceptos similares, y el sistema educativo todavía carga más la mochila. Sin embargo, sólo el que ha pasado por el proceso completo es el que está en disposición de ser maestro.

Para mí la conferencia resultó de un interés absorbente, y encuentro que el acento estuvo en la valoración de la creación de ese espacio interior por el humanismo y en una fe en la posibilidad de hacernos mejores. También me pareció que insistió mucho Peñarrubia en la demonización actual del error y una adoración obsesiva del éxito. Quizá el error nos hace más humanos y el éxito nos convierte en… ¿en qué nos convierte el éxito?

También se manejaron temas (por parte del propio conferenciante y, luego, en el turno de preguntas, por parte del público) como la relación profesor-alumno o la relación casa-escuela. Los glosaremos en muy breve. Baste, por el momento, lo leído.

 

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