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Entrevista a Claudio Naranjo 

Reproducimos la entrevista publicada en la Revista Menta (Grupo Muy Interesante) en la sección Diálogos en su edición de verano 2019 y firmada por Laura G. de Rivera.

 

 

 

Fuente original: Revista Menta.

ENTREVISTA A CLAUDIO NARANJO EN LA REVISTA MENTA, VERANO 2019

Sonrisa bondadosa, la barba y el pelo largos, blancos como la nieve. Claudio Naranjo (Valparaíso, 1932) podría pasar por Papá Noel, si no fuera porque es chileno y un poco hippie. Algo se le debió de quedar a este psiquiatra de sus inicios espirituales y profesionales (que para él son la misma cosa) en la California de la década de 1970. Allí conoció el apogeo de los estudios científico-psicodélicos y fue discípulo del psicoanalista Fritz Perls, fundador de la Gestalt, como recuerda en Ascenso y descenso de la montaña sagrada (Ediciones B, 2019), el último libro de su extensa bibliografía.

Con una vitalidad mental envidiable, hoy es el máximo representante de esta terapia psicológica que defiende que lo importante no es cambiar, sino es ser uno mismo, conocerse para aprovechar al máximo lo bueno que tenemos. Este científico con mucho de místico promueve la meditación budista y se declara ecologista y defensor de la educación democrática desde la infancia. Hablar con él es anhelar su calma, su seguridad y su sabiduría...

Más que una terapia, Claudio Naranjo considera que la Gestalt es una filosofía y una forma de vida, "relacionada con la búsqueda espiritual, el reencuentro de la libertad y la naturaleza de uno
mismo". El objetivo se repite en cada caso: ayudar al paciente a aceptarse,a quererse, sin que importe la gravedad o la intrascendencia de sus problemas. Escucharlo es ya toda una experiencia en sí misma. Cada palabra surge de su boca llena de fuerza y de paz al mismo tiempo, haciendo posible lo imposible.

¿Para quién está indicada la Gestalt como terapia psicológica?

La Gestalt funciona con personas de cierto nivel de búsqueda interior, que persiguen no solo el alivio de los síntomas, sino crecer, encontrarse a sí mismos, resolver conflictos interiores, volverse más conscientes. Como funciona con niveles de profundidad de conciencia, no es recomendable si solo quieres abordar lo superficial. Por otra parte, esta forma de vida, esta filosofía, no solo sirve para cuando estás fatal, en medio de una crisis, sino que en general, es algo que alimenta en cualquier momento de tu existencia, que hace bien, como los baños termales.

¿Cuál es el objetivo?

Tiene mucho que ver con quitarse el policía interior que cada uno llevamos dentro y plantarle cara a los mandatos sociales que arrastramos. El mundo está patas arriba, loco, y lo que impera es la mentalidad neurótica. A diferencia de la mayoría, la persona que se encuentra a sí misma no va en piloto automático, no funciona como si fuese un robot.

¿Es entonces una forma de rebeldía contra la mentalidad dominante?

No. No se trata de luchar, de cuestionarlo todo. Ni tampoco de ser un inadaptado. Es más bien una filosofía de vida, una forma más libre de ser. 

¿En qué consiste esta filosofía?

En vivir el aquí y el ahora. En hacernos conscientes de las máscaras inconscientes. En que la coherencia con uno mismo es más importante que las buenas costumbres. Por ejemplo, decir verdades arriesgadas tiene un gran valor terapéutico. Pero es mejor hacerlo en el contexto de la terapia, donde sepamos que no va a desencadenarse la catástrofe por decir lo que de verdad sentimos o pensamos.

Para hacernos una idea, ¿cómo sería una sesión típica en consulta?

Se anima al paciente a que exprese en cada momento lo que siente, a mantener la atención en la experiencia inmediata.

El terapeuta ayuda a traducir en palabras y desenmascarar esos sentimientos. Tiene mucho de técnica dramática, de teatro, para sacar a la luz esas emociones. Por ejemplo, si alguien está frunciendo el ceño al hablar, se le invita a que exagere el gesto, a hacerse consciente de esa postura, para ayudarle a sacar lo que está bloqueado. La gran diferencia con el psicoanálisis es que pasa de la intelectualización y se centra en sentir. Un caso muy ilustrativo es el de una persona que padecía un tic. El terapeuta le propuso que lo ejercitara a diario y a conciencia ante el espejo, que lograra hacerlo de forma voluntaria, incluso exagerarlo en ocasiones determinadas. Al hacerse, por fin, dueño de su tic, logró que este desapareciera.

¿Para qué sirve “sacar” lo que uno está sintiendo?

Las emociones conscientes no nos hacen daño y pueden modificarse más fácilmente. Sin embargo, si son inconscientes, si uno no tiene conciencia de su enfado o de su tristeza, le hace daño psicosomático, o muestra esa emoción negativa hacia la gente sin darse cuenta, con lo que acaba aislado. La emocionalidad inconsciente trae muchos problemas. Pero, cuando sabes lo que te pasa, es como cuando te miras al espejo y te ves despeinado: sacas un peine para arreglarte un poco. Además, hay casos en que, al vivir conscientemente una emoción, reconoces que es absurda. Por ejemplo, cuando tenemos la loca idea de que quejándonos vamos a conseguir más cosas, cuando es al revés.

¿Cuánto puede durar el tratamiento como término medio?

La Gestalt tiene mucho que ver con el trabajo de los chamanes, por lo rápida que es en actuar. Cuando comenzó a aplicarse en los años 60, en talleres de una semana o quince días, llamaban la atención sus “efectos milagrosos”. Desde luego, es más rápido que el psicoanálisis y no usa tantas palabras ni explicaciones. Va a la emoción del momento, pues esto ya es curativo por sí mismo, sin necesidad de remontarse a traumas lejanos del pasado. Y tiene un efecto explosivo que logra cambios dramáticos en los casos en que toca un asunto que nunca había trascendido, por ejemplo, cuando, en una regresión a la infancia, se recuerda un abuso.

¿Cuál es la clave para distinguir a un buen terapeuta de un charlatán?

La mejoría de sus pacientes.

¿Y cuándo puede decirse que un paciente mejora?

Cuando toma conciencia de cómo se maneja y se va librando de los patrones disfuncionales. Hacerse consciente significa dejar de ser títere de tus hábitos, usar tus rasgos de carácter a tu favor y no en tu contra. Pero, para cambiar algo, primero, hay que aceptarlo. Si uno llega a reírse de sí mismo, puede decirse que está sanando.

¿Estamos todos algo locos?

Cada persona desarrolla un rasgo neurótico de su personalidad para defenderse de los primeros traumas y para adaptarse al medio ambiente. En ese sentido, podemos decir que cada uno tiene su cojera, su defecto. Pero es posible trascenderlo y usarlo como una fortaleza, un aliado. Por ejemplo, si eres agresiva, puedes aprender a usar esa agresividad de forma sana y libre y no para hacer o hacerte daño. La salud mental no está tanto en juzgar lo que está bien y lo que está mal, sino en aceptar lo que la vida te da y saber navegar con eso de la mejor manera posible.

La OMS dice que la ansiedad afecta a una de cada cinco personas en algún momento de su vida...

La ansiedad tiene mucho que ver con no poder elegir en los conflictos internos, con el miedo a que, si te equivocas, echarás todo a perder. La Gestalt da la capacidad de encontrar el punto neutro, de mirar con desapego las dos alternativas en conflicto y situarte en un bienestar básico con independencia de lo que decidas. Se trata de cultivar el aquí y el ahora, de alcanzar una especie de desapego controlado, para no dejarse esclavizar ni por el pasado ni por el futuro.

¿Cómo trata la depresión?

La terapia consiste en descubrir que es uno mismo quien se autodeprime, no es que seas víctima de un virus que pasaba por ahí. Lo malo de la persona deprimida es que no tenga ganas de hacer el esfuerzo necesario. En estos casos, hace falta un terapeuta que tenga un interés genuino en su paciente, que le haga sentir que merece la pena. Su labor es estimularlo para que vaya metiéndose en el acto creativo de sanarse.

¿Es el paciente quien hace el trabajo o el terapeuta?

A diferencia del consumismo actual de la psicoterapia, en que alguien va al médico para que le arregle la cabeza, en la Gestalt es el paciente quien da los pasos, quien está trabajando en sí mismo. El terapeuta solo lo estimula. Además de discípulo, fuiste también paciente del fundador de la Gestalt, Fritz Perls. ¿Consideras que la terapia te ha servido personalmente para mejorar tu vida? Me sirvió mucho; mi terapeuta me trató a patadas; y me hizo mucho bien. Eso demuestra que, a veces, necesitamos que se nos confronte, no solo que nos den palmaditas en la espalda.

La tuya es una forma de terapia que se ha llamado transpersonal.¿Por qué esa denominción?

Porque trasciende a la persona, va más allá. Nos enseña a mirar hacia arriba, a las cosas grandes, y a valorar la vida como un tesoro. Sus pilares son la veracidad (descubrir la verdad de uno mismo), el coraje (tener el valor de decir y ver lo que es) y la libertad para salirte de tus condicionamientos y automatismos y apostar por lo que quieres.

¿Te consideras una persona feliz?

Sí. La mayor parte del tiempo, sí